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Viejo cine en episodios

DON CARLOS Y LOS SERIALES
Que los libreros de lance son una especie de mercaderes necesarios para la supervivencia humana, es cosa que seguramente todos ustedes, adictos al papel amarillento, saben tan bien como yo. Por mucho que gusten de aprovecharse de nuestra enfermedad y exprimirnos con sus precios... ¡qué sería de nosotros sin estos alejandrinos conservadores de lo efímero!

Viene la perorata a cuenta del hallazgo que ayer realicé en uno de tales establecimientos, en los que me siento casi tan a gusto como en el mismo Desván. Nada menos que el único estudio monográfico publicado en España sobre mis amados seriales -con permiso de la enciclopedia El Cine de Buru Lan, que sabiamente les consagra un capítulo entero- escrito por un prosista de primera, el antiguo republicano, hoy nacional, don Carlos Fernández Cuenca, crítico de cine en el Madrid de la inmediata posguerra. Viejo cine en episodios es su nombre. Pásmense con la belleza de la portada...

Publicó esta joya la editorial Rialto (la misma de los cuadernos de aventuras Diamante Negro) en 1943. Don Carlos se centra, con su prosa aguda y sabia, en los años silentes del género. Y proporciona inmensidad de datos valiosísimos, que de no haber sido por su labor hoy estarían perdidos para siempre. Como agua de mayo han caído sobre mis neuronas, ávidas siempre de conocimientos, tanto como de imágenes de esta clase, publicadas todas en este libro excelso.

Habla de los orígenes, de las producciones americanas y francesas, de seriales italianos y alemanes, de actores, productores y gentes del medio. Y da noticia de las realizaciones españolas, de una de las cuales ya les hablé aquí.
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Y sobre todo evoca, revive una época completa, de los estudios de rodaje al local "con olor a muchedumbre" donde finalmente el filme proyectado encuentra su sentido. Lo hace con tal habilidad y amor por lo narrado que al leerlo parece crecer sobre nuestro pecho corbata, chaleco y reloj de bolsillo; mutados en espectadores de 1920, saldríamos a la calle en busca de un cine capaz de satisfacer nuestras urgencias sino supiésemos que hacerlo hoy es cosa de orates. Menos mal que existe la burrita cibernética...

Y para colmo, observen qué fino colofón corona la obra. Es 1943, y don Carlos, lejos de celebrar Años Triunfales de la Victoria y demás pamplinas, la consagra al Advenimiento Glorioso del Serial. O película de episodios, que bien diserta como buen castellano sobre el nombre que merece el género...

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